Mostrando entradas con la etiqueta Celos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Celos. Mostrar todas las entradas

Anabel López, Psicóloga en Cerdanyola

psicoterapia-cerdanyola



Anabel López ofrece un espacio terapéutico para tratar el malestar psíquico.


Brindo atención individual, familiar y terapia de pareja. Cada terapia se adapta a la particularidad de cada persona: adulto, niño o adolescente.


Especializada en terapia psicoanalítica de la depresión, ansiedad, ataques de pánico, problemas de pareja, trastornos de la infancia, problemas de aprendizaje, fobias y miedos, entre otras.


Las consultas más frecuentes son:
  • Depresión
  • Estrés
  • Ansiedad
  • Crisis vitales (separación, maternidad, etc.)
  • Impotencia
  • Ataques de pánico
  • Duelos
  • Problemas emocionales
  • Problemas de pareja


El tratamiento psicoanalítico ofrece un alivio sintomático del malestar.


Si desea pedir una entrevista, contáctenos  

93 580 83 24 -  info@psicologiacerdanyola.com

La envidia y los celos

terapia-celos-cerdanyola



Los celos

Si ha dado clic al título del post seguramente es porque alguno de los temas le interesa y, también, podría ser que considere que no hay diferencias entre uno y otro. Vamos a ver que tanto los celos como la envidia están presentes en la vida de todas las personas, que a pesar de que se parecen, no son lo mismo y muchas veces se confunde celos y envidia.

Vamos a ver que los celos habitan, de manera consciente o no, en todas las personas. Algunos admiten ser celosos y otros lo niegan. Y aquellos que los admiten pueden llegar a vivir verdaderos tormentos en sus relaciones: fuertes discusiones entre hermanos, rupturas de negocios, peleas entre amigos, discusiones entre parejas.

Tratare estas cuestiones, pero antes haremos una pequeña excursión por la génesis de este sentimiento.

El ser humano, a diferencia del animal, nace indefenso. Necesita de los cuidados de otro humano (madre, padre o sustitutos), que lo cuide, que lo asista y que lo quiera para que pueda sobrevivir a su indefenso inicial. Esta función casi siempre esta encarnada por la madre. El bebe por sí solo no puede acceder a nada, si tiene hambre tiene que gritar, si le duele la barriga tiene que llorar para que alguien lo auxilie e intérprete qué es lo que está pidiendo. De esta forma, para el niño la madre es lo más importante, le atribuye una omnipotencia total; ella es todo lo que necesita para vivir y en muchos casos, para la madre el niño se torna lo más importante también. A éste momento lo llamamos célula narcisista. Donde niño y madre están ligados de tal manera que forman una unidad cerrada, y por fuera de ellos no existe nada más.

Esta unidad perfecta no puede durar para siempre. En un momento la madre tiene que mirar hacia otro lado, hacia el padre, al trabajo, las amigas o un interés de la madre por otra cosa. En este momento en que la madre mira hacia otro lado, el niño siente que ella desea algo más aparte de él. Él sólo ya no la completa. De esta manera el niño, comienza a mirar aquello que desea la madre. Así se le abren las puertas del mundo al niño, hay algo que le falta, que da origen a una búsqueda. Al producirse este desvío de la mirada de la madre, el niño abre sus puertas al deseo, al sentimiento de exclusión, a los celos, al mundo. Antes de los celos, niño y madre eran la misma cosa; no había nada más. Es aquí donde ubicamos a los celos como el primer sentimiento social.

Entonces, los celos son normales, lo vivencian niños cuando tienen que prestar los juguetes o compartir el amor de sus padres, adultos en las relaciones de pareja, es un sentimiento que no distingue sexo ni edad. Sin embargo, algunas personas dicen no sentir celos y ello se debe, a que han sufrido una fuerte represión que aparta los celos de la conciencia, pasan a estar en estado inconscientes, pero continúan actuando en la persona.

Llamamos celos normales aquellos que son más frecuentes. Se originan en la tristeza y el dolor ante la pérdida del objeto amado. Entendamos el objeto amado como aquella persona a la uno estima.

Si tomamos como ejemplo la amistad, vemos que muchas veces aparecen celos entre amigos. Son amigos desde la infancia, andan siempre juntos, pasan un montón de horas, comparten salidas y uno de ellos se echa novia. Ahora, no comparten tanto tiempo juntos, esas largas charlas se acortan, se hacen más esporádicas. Esto produce en el celoso varias cosas:
Por un lado, siente celos terribles por la chica que le quito el amigo. Una cierta tristeza porque ya no tiene tanto interés por estar con él, prefiere estar con ella, su narcisismo queda dañado por tal pérdida. Le comienza a tener un poco de manía a ella manifestándole cierta hostilidad. La novia no le parece tan simpática como al principio, habla mucho. Además, el celoso se crítica, piensa que su amigo hace más cosas con ella, porque con él se aburre, porque un par de veces lo dejo plantado. Es decir, se crítica por haberlo perdido, pero en forma de autoreproches: es porque hice ciertas cosas mal, me desvalorizado.

Hay veces que además de sentir celos por la pérdida del amigo, el celoso puede vivenciar una tristeza por la pérdida del amigo al que ama inconscientemente y, a su vez, un odio hacia ella como rival frente al amor de él. Es decir, el celoso se puede identificar, inconscientemente, con ella para seguir teniendo el amor de su amigo y también, siente un odio terrible contra la novia considerada como rival frente el amor del otro.

Pero por más que estos celos los llamamos normales sus elementos no son del todo racionales, no hay correspondencia entre lo que pasó con los celos que puede llegar a sentir la persona. Los celos aparecen exagerados y esto tiene que ver no sólo porque es excluyente, sino porque remite, a nivel inconsciente, a aquella otra separación en la que era uno en un momento inicial de la existencia (con la madre). Es por esto, que en curso del tratamiento psicoanalítico es preciso no se discute sobre que ideas se apoyan los celos del: los indicios, sólo podemos moverlo a que los interprete de otro modo.

Entonces, podemos decir que los celos pueden cursar de manera consciente cuando uno los admite y también, pueden cursar de manera inconsciente, es decir, que no han desaparecido del sujeto, sino que están negados.

A pesar de que cursen de manera inconsciente para el sujeto, siguen aconteciendo en él, no desaparecen. Es más frecuente que alguien rompa una relación de pareja porque dice que el otro era muy celoso y le hacia la vida insoportable, pero en cambio es más difícil escuchar parejas que digan: es que le tenía una envidia terrible porque todo le iba muy bien y eso para mí era insoportable. Y que no se diga, no quiere decir que no exista. Esta es una de las principales diferencias con los celos, la envidia que siempre cursa de manera inconsciente.

La envidia

La envidia de la que tratamos desde la perspectiva psicoanalítica no es la misma de la que usamos cotidianamente, es común escuchar decir que ante determinadas cosas uno tiene envidia sana. Puedo decir que tengo envidia sana, cuando mi amiga se compra una prenda que le queda muy bien y a mí me gusta, o si tiene una relación muy buena con su novio, por ejemplo. Pero para el psicoanálisis no es envidia, son frases del orden de la emulación, del querer tener lo que el otro tiene. 

La envidia de la que tratamos es esa envidia que corroe, esa de la que hace  que una persona este mirando todo el tiempo qué es lo que tiene el otro o que lo hace tan feliz con su pareja, con su trabajo, con su belleza… y lo consume interiormente como un ácido. Se trata de una envidia en la que uno no desea lo que tiene el otro, ni siquiera quiere eso que el otro tiene.

Si buscamos la etimología de la palabra envidia encontramos que proviene del latìn invidere, que quiere decir mirar con malos ojos; tiene que ver con “videre”, que quiere decir: poner la mirada sobre algo. Hay una frase de San Agustín que lo ilustra claramente: es una imagen en la que un niño mira absorto como su hermano más pequeño está enganchado al pecho de su madre y se queda pálido frente a esta imagen

En la envidia hay un dar a ver que procura placidez, como cuando nos quedamos enganchados mirando un cuadro o algo que nos produce admiración. Procura placidez en el sentido de que existe en quien mira hambre del ojo al que hay que alimentar. Cotidianamente decimos: se la comía con la mirada o cuando las cosas no van como uno espera, alguien hizo un mal de ojo. En cambio, llama la atención las pocas frases que se dicen sobre el ojo bueno. Vemos que el ojo tiene la función de estar dotado de un poder que va más allá de la visión, en ciertas culturas se le atribuye el poder de secar la leche del animal, de acarrear enfermedad y desventura.

La persona envidiosa quiere destruir aquello que tiene el otro, hacer que no exista. En la imagen del niño que mira a su hermanito, éste no envidia tomar el pecho de la madre…ya es grande, pero sí envidia la imagen de plenitud que le supone al hermano junto a su madre.

La envidia cursa de manera totalmente inconsciente y solo la podemos conocer por sus efectos. Pero ¿cuáles son los efectos? Imaginen que tienen un compañero de trabajo que, además, de ser más joven, está soltero, tiene un buen coche y, además, toca bien la guitarra. Tiene una relación muy intensa con la música, le apasiona la guitarra, da conciertos, se pasa un montón de horas al día tocando la guitarra y se le nota que vibra cuando toca. Le atribuimos que goza mucho con eso y a ti, en verdad, no te gustaría tocar la guitarra, pero te puede dar rabia que el otro se lo pasa tan bien con la guitarra. Entonces, lo desvalorizas: "toca así porque viene de una familia de músicos, que lo va gente a escuchar porque era gratis, seguro que le va mal con la novia, que toca bien pero no trabaja tan bien, que no tiene amigos, que en realidad no toca tan bien, que lo que hace es una basura". Comienzas a ver mal las cosas del otro y deseas, sin darte cuenta, destruir lo del otro. Además, niegas su trabajo. El sujeto no es consciente de que siente envidia, lo más probable es crea que todas esas frases son ciertas. Por esta razón es más difícil escuchar a alguien que diga soy envidioso, es inadmisible, la envidia es inconsciente.

El sujeto envidioso no soporta lo que el otro lo completa, no desea aquello que tiene, y esto contradice la creencia popular de que uno envidia lo que el otro tiene. Es por ello que es recomendable el tratamiento psicoanalítico en estos casos.



Terapia de Pareja



terapia_pareja_cerdanyola

Se orienta al tratamiento de las aquellas problemáticas que pueden surgir en una relación de pareja:

  • Discusiones
  • Celos
  • Quejas
  • Falta de deseo
  • Desilusión
  • Aburrimiento
  • Orientación en procesos de divorcios
  • Violencia doméstica
  • Dependencia
  • Transtornos sexuales


Si desea pedir una entrevista, contáctenos