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Claves para una vida sexual plena


Sexo y sexualidad


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Es habitual que consulten a psicoanalista Cerdanyola por temas relacionados con la sexualidad.

¿Qué se entiende por sexualidad?

La respuesta depende de la mirada que se ponga sobre ella. Si esa mirada es anatómica o fisiológica, diremos que la sexualidad es el conjunto de condiciones que determinan a cada sexo. Si le preguntamos a un consumidor de porno, dirá que la sexualidad es un tipo de gimnasia mecánica, siempre, placentera y perfecta. Si la mirada es histórico-cultural, la sexualidad será el conjunto de conductas, emociones y prácticas asociados a la búsqueda del placer sexual.

¿La sexualidad es un instinto?

El instinto animal es un saber heredado que le permite al animal adaptarse al medio: el mono sabe cómo sustentarse el alimento, sabe cómo asearse, sabe cómo pasar de una rama a otra. No hay monos que sufran desnutrición u obesidad. Los animales heredan estos saberes y son válidos para toda su especie, es decir, que el animal hereda una serie de pautas que marcan cuáles son sus necesidades y cómo las puede satisfacer. El mono sólo copulará con la mona, y el pingüino con la pingüina, no se ve el mono que diga que quiere estar con el león. En los animales, la hembra tiene una época en que sí acepta al macho y ahí copulan, este es un periodo que dura un tiempo determinado, es siempre en la misma época y por fuera de este tiempo la hembra ‘no siente deseos sexuales’.

¿Por qué? Porque en el animal impera el instinto que le configura una manera de comportarse dentro de su reino, y en el ser humano operan las pulsiones: energía psíquica que gobiernan el psiquismo. Las pulsiones actúan como una fuerza constante que no designa ningún comportamiento hereditario ni fijo, tampoco se satisface con un objeto determinado, ni tiene frecuencia y ni ritmo biológico. Es decir, que en el ser humano no hay ningún comportamiento prefijado en cuanto a la sexualidad. Ella y él quedan, y él dice algo inoportuno: hoy estuve con una amiga y a ella esa le cae fatal o ella ve que él no combina los zapatos con los calcetines y eso es insoportable para ella y ya esa noche no hay encuentro sexual. La diversidad en cuanto a la elección de objeto en los seres humanos es mucho más amplia: hay personas que eligen gente del mismo sexo, otros del sexo opuesto, otros obtienen gocen mirando, otros con un objeto como puede ser un zapato o una braga, otros con animales. No hay comportamiento en el ser humano que este dictaminado por la especie. No hay nada en el ser humano que le indique por dónde tiene que ir. Es por ello que el concepto de sexualidad es bastante más complejo que lo que aparece en la calle o en los animales. Una hormiga es más fuerte que el ser humano, porque la hormiga cuando quiere dormir duerme, come cuando quiere. No existe la voracidad del lobo, no existe la maldad del león, sí existe la voracidad y la maldad en el hombre. Los animales no violan, no mienten, no incitan guerras, no asesinan por petróleo…no juegan compulsivamente en los casinos.

Hombres y mujeres consultan psicología Cerdanyola para tratar los desencuentros que se dan en la terapia de pareja. En el caso del hombre y la mujer. De entrada, no hay periodo de celo. Una persona tiene que hacer un determinado cortejo, seducir, tener deseo y que sea reciproco para conseguir llegar a un coito con un congénere, y si bien es cierto que ese cortejo está en otras especies, la diferencia estriba en que para el hombre nunca es igual y no siempre funciona, cosa que no ocurre con los animales.

Si el lector o la lectora hace memoria seguro que recuerda alguna vivencia en la que haya quedado con otra persona para tener relaciones sexuales y acaba cenando; o comienza es una discusión que acaba con una reconciliación sexual.

La sexualidad no es, exclusivamente, todo aquello que tiene como centro el acto sexual, ni tampoco aquello que va destinado a la reproducción. Aquí es necesario hacer un matiz: en parte la sexualidad sí tiene que ver con la reproducción; Sin embargo, hay cosas que son sexuales y no implican la reproducción, sino como explicaríamos las caricias, los besos, y masturbación, que como todos sabemos forma parte de la actividad sexual del ser humano.

La sexualidad y el placer

Para el psicoanálisis lo sexual son todas aquellas actividades que aporten al sujeto un placer: ya sea con una relación sexual, con una lectura, con el estudiar.
Con respecto a la ganancia de placer, el ser humano claramente se distingue del animal. A pesar de las mil comparaciones que se hacen y entre las cuales el hombre casi siempre queda mal parado y siendo los animales como modelos de comportamiento. Cuando la distinción entre nosotros y los animales es radical. En los animales son los instintos los que señalan sus comportamientos y en el ser humano no hay nada que nos lleve a pensar que tiene instintos.

Sigmund Freud fue degradado y perseguido por plantear la existencia de lo inconsciente, y por el concepto de sexualidad infantil. La teoría psicoanalítica plantea que lxs niñxs son perverso polimorfo, es decir, que pueden gozar con cualquier parte del cuerpo. Al principio dicho placer de la mano de la satisfacción de las necesidades básicas: el niño en un momento toma el pecho de la madre por hambre, pero luego, se prende por la satisfacción que le da el mamar, el chupar. Con la caca pasa algo similar: en un principio el hacer caca le permitía el aliviar las heces de los intestinos, pero luego el niño obtiene placer en el retener, en el expulsar, en el jugar con las heces. Ahí queda desprendido de la necesidad. Cuando hablamos de perversión no estamos hablando de aberraciones sexuales, sino que pensamos lo perverso como todo aquello que se aleja de lo sexual con fines reproductivos. En el caso del niño no existen las barreras morales que tiene acontecen en el adulto y por ello, es capaz de gozar libremente con cualquier parte de su cuerpo, sin preguntarse si lo que hace está bien o no.

Terapia sexualidad 

En el adulto, no decimos que estos rasgos perversos hayan desaparecido, sino que actúan de otra manera. Se puede dar el caso que alguien sólo goce con los preliminares como el besar, el mordiendo o el chupar, no consigue reproducirse ni llega al coito. O una persona que siempre lo hace de la misma manera, con la luz apagada, en la postura del misionero y sólo una vez por semana. También son perversos porque sólo pueden gozar de esa forma y no de otra.

¿Qué es la sexualidad normal?

Es por ello que aquí también se pone en juego lo que se llama sexualidad normal ¿qué es lo normal? No existe, porque para cada una esa experiencia será completamente diferente.

El adulto no resigna de buena gana lo que alguna vez le dio placer, es decir, que ese placer que le daba el chupar la teta, el chupete o el dedo, en el adulto lo encontramos de una manera distinta: en el fumar, en el morderse las uñas, en el hablar, en el beber, eso produce también una excitación sexual, pero entendiendo lo sexual en el sentido que les planteamos completamente desligada de los genitales.

¿Por qué? Porque el cuerpo es potencialmente productor de placer. Es lo que llamamos zonas erógenas. Se ve claro en las relaciones sexuales: hay gente que le gusta que le besen el cuello, o le susurren palabras guarras al oído, o le toquen el pie o el ombligo. Cada uno en función de su recorrido sentirá más excitación en una zona que en otra.

Para ir concluyendo, en el ser humano no existen instintos, la pulsión es lo que lo compele al goce sexual y esto quiere decir, no existe un ritmo, una pauta que marque el comportamiento, se puede gozar con cualquier cosa además de gozar sexualmente con otra persona, puede gozar con una parte del cuerpo, así alejamos la sexualidad de los genitales, abriendo otras vías para gozar.

¿Quieres comenzar una psicoterapia en Cerdanyola?

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Si quieres comenzar una terapia de orientación psicoanalítica en Cerdanyola del Vallès, Barcelona puedes consultarme, soy psicóloga colegiada, especializada en Psicoterapia (Europsy) y psicoanálisis.


¿En que se basa la terapia psicoanalítica?


El tratamiento se basa en la teoría psicoanalítica creada por Sigmund Freud, en la que investigamos el funcionamiento del psiquismo humano, en particular, el aspecto inconsciente. Con cada terapia tratamos de despejar las causas que motivan las dificultades emocionales que llevan a que una persona nos consulte.

Iniciar una terapia psicoanalítica en Cerdanyola requiere cierta constancia en las sesiones entre psicoanalista y analizante, damos importancia a esta relación para crear un vínculo que ayude a sostener el proceso, a que el analizante pueda adquirir los recursos psíquicos para afrontarlos, reducir el malestar subjetivo, saber más sobre sí mismo, encontrar el deseo que lo mueve y encarar la vida desde un lugar diferente.

¿Qué tipo de problemas tratamos?

El psicoanálisis es un tratamiento adecuado y eficaz, es recomendable para situaciones tales como:

* Si te sientes con baja autoestima, que has dejado de hacer aquellas cosas que te satisfacían y no sabes el por qué.

* Si has caído en una depresión o has tenido crisis de ansiedad que sigues arrastrando durante mucho tiempo.

* Si sientes que tu vida está estancada, te cuesta o estás en un momento de bloqueo para tomar decisiones importantes para ti mismo.

* Si sientes que llevas en estado de desazón durante mucho tiempo, que no has elaborado, gestionado ciertas pérdidas importantes. Duelos no tramitados.

* Si consideras que repites los mismos modelos o patrones en las relaciones de pareja (relaciones tóxicas), en el aspecto laboral o profesional, y como resultado de ello, sientes malestar o infelicidad.

* Si te preocupa en exceso lo que los otros piensen de ti, hasta el punto de caer en el silencio para no sentirte juzgad@.

* Si crees que no puedes controlarte en determinados momentos, o te controlas tanto que explotas por cualquier motivo.

* Si tus miedos te desbordan, te limitan tu cotidianidad y se expanden en diversos ámbitos de tu vida.

* Si sientes una falta de deseo por lo sexual, y por las relaciones con los otros.

* Si tus pensamientos se tornan ‘obsesivos’ y piensas cosas negativas sobre ti sin poder ni controlarlas ni evitarlas.

* Si estás preocupad@ por la maternidad o la paternidad, los miedos te paralizan y te sientes preocupado por cómo estás ejerciendo tu función.

* Si tienes problemas en tu relación de pareja en la que predomina el sufrimiento, los celos, las discusiones y peleas constantes.

¿Quieres consultar con una psicoanalista en Cerdanyola?

Puedes llamarme al 935808324 o 657 852 498 para reservar una primera entrevista con un psicoanalista en Cerdanyola o para plantear tus dudas o pedir más información.


¿Crisis en la pareja?



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Tratar de responder a la pregunta cómo una pareja cae en una crisis implica hacer un trabajo de análisis que apunte no tanto a encontrar el culpable, sino más bien a saber cómo cada integrante de la pareja piensa el amor, el deseo y, en definitiva, la pareja.

Si buscas una receta 'salvadora' para tu relación, te diré que no hay nada que garantice el buen funcionamiento de una pareja, ello depende de un trabajo diario, constante, y no tanto, del esfuerzo por renunciar salidas con amigas o la cervecita de los viernes con los colegas de toda la vida, por ejemplo.

Como tampoco nos lo asegura el intento, siempre fallido, de hacer todo lo posible para que la pareja piense las cosas importantes de la vida como las pienso uno mismo o que los dos sientan la misma pasión por lo que uno de los hace o le interesa. Muchas parejas creen en esta idea de igualdad y la señalan como uno de los por qué la relación no funcionó.

Es muy habitual que alguno de los integrantes de la pareja piense que el otro tiene que saber qué es lo que piensa, siente, o quiere pero con la salvedad que el otro lo tiene que saber por sí mismo. Como si de una suerte de “transmisión de pensamiento” se tratara el otro tiene que saber muchas cosas de uno sin que se las comunique. "Es que si me quisiera…tendría que saberlo". En el momento en que las palabras ceden su lugar a los gestos o a las broncas silenciadas, se olvida que lo que produce a la relación de pareja son las palabras con las que una persona las piensa a él o a ella, las frases que le susurra al oído y no las que calla.

Hay un poema bellísimo de Neruda que dice: “Todo está en la palabra… una idea entera se cambio porque una palabra se trasladó de un sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… tienen sombra, transparencia, peso, plumas, tiene de todo lo que se les fue agregando…”

Es decir, que las palabras son más importantes que los sentimientos. Con una o mil palabras puedo manifestar un sentimiento; en cambio, el sentimiento sólo puedo sentirlo “en soledad”, es la palabra lo que me permite vincularnos con otros.

En muchas relaciones de pareja los sentimientos tienen un papel protagónico, alargan su tortura en base a un quererse que, más que con el amor, tiene que ver con el goce del sufrimiento. Parejas que se dejan y vuelven al cabo de nada, para volver a seguir haciendo lo mismo que los llevó a dejarlo, apoyando la decisión de volver en un “es que nos queremos.” Relaciones tormentosas, parejas tóxicas en donde la pasión del ir y venir, es más intenso que el estar juntos y construir la relación que desean.

Si sumamos estas dificultades decimos que una pareja está en crisis. En estas situaciones o ante una experiencia que nos desborda, nos descubrimos diciendo o haciendo lo que jamás pensamos que llegaríamos a decir o hacer. Es más, hay ocasiones en las que nos vemos haciendo o diciendo justamente eso que criticamos de otros. La crisis en una pareja hace aparecer frases, comportamientos, opiniones, que sorprenden tanto al que las escucha como al que las dice.

En nuestra centro de psicología especializado en parejas proponemos que para poder empezar a ayudar a una pareja el primer paso que hay que dar es valorar si es necesaria una intervención con la pareja o es necesario que psicólogos de parejas valoren a cada uno para conocer la situación individual y para que cada uno de ellos disponga del tiempo y el espacio necesarios para poder conocerse a sí mismo.

La desilusión, la caída del deseo, la ausencia de pasión, sentir pena, infidelidad ponen sobre el tapete reproches, largas discusiones y se busca el culpable de la crisis actual.

Hay veces que como persona parece que hemos “olvidado” aquello que nos unía a esa persona o lo que era el amor, nos excusamos en la rutina familiar, en las largas jornadas de trabajo, en los hijos, en la falta de sexo, en que cada día uno se va abandonando un poco y perdió el horizonte en la pareja. Es decir, se olvidó del amor y del deseo, dos componentes básicos en cualquier relación.
Es por ello que en el centro de terapia de pareja en Cerdanyola acompañamos y ayudamos a parejas a resolver, de la mejor forma posible, su situación.
Para concluir, que una pareja discuta mucho o no lo haga no es señal de que la relación vaya bien. Como tampoco lo es que uno de los dos renuncie a su vida profesional, al contrario, ello indica que algo no va bien en el amor. Dado que el sacrificio ni el sufrimiento son signos de una relación, pero más bien, tóxica. Como el dejarlo para volver y seguir igual que antes; o para cambiar de pareja y creer, nuevamente, que la culpa es del otro.

Si quiere recibir más información o aclarar alguna duda, puede llamarme al 93 580 83 24.

¿Por qué consultar a Psicóloga Cerdanyola?



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Hoy día abundan diversos tipos de terapias ‘psy’ para resolver un sin fin de problemas. Es por ello, que destaco la manera singular en la que abordo y trato las problemáticas subjetivas. Diferencia que se sustenta en una ética e implicación en la atención de personas con dificultades. La práctica psicoterapéutica se sustenta, también, en una rigurosa formación teórica constante e ininterrumpida. El enfoque de la terapia es de orientación psicoanalítica.

Uno de los primeros comentarios de los pacientes que acuden a Psicóloga Cerdanyola es que la diferencia en tratar su malestar y los resultados a corto plazo.

  • Ética profesional

Ayudamos a que cada persona pueda desplegar aquello qué desea para su propia vida, eligiendo por sí misma y no por los deseos de otros (padres, pareja, hijos, amigos) Sabemos que hay veces que una persona, no siempre quiere lo que desea, ni desea siempre lo que realmente quiere.

  • Una escucha atenta
Tratamos el malestar desde sus causas para que la repetición no se perpetúe. Partimos de una escucha respetuosa a la persona que trae su sufrimiento, sin juzgar sin culpar. Se trata de que pueda tratar aquello que puede preocupar y hasta aquellas cosas que avergüenzan. Es por ello, que el secreto profesional, también, dirige nuestra práctica en la atención psicológica.
  • Sin protocolos
Dado que no existen dos personas iguales, ante una misma situación se puede elaborar de diferentes maneras. Tenemos en cuenta los recursos psíquicos de cada persona y en función de ello, se propone un proceso de psicoterapia.
  • Formación continuada
Consideramos que el estudio es constante, así como el análisis personal y supervisión de la clínica.


¿Qué desencadena una depresión?

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La depresión 
La depresión según la OMS es una enfermedad grave, es la segunda causa de muerte en el mundo después de las cardiopatías. Y lo más impresionante, es la gráfica exponencial en el aumento de casos (1 de cada 5), y en paralelo el incremento en la venta de fármacos.

Duelos
La vida de todo ser humano está marcada, guiada, interrumpida, incluso diría, sumergida en una serie de puntuaciones, de cambios, de pérdidas. Todas ellas siempre precedidas de otra serie de conquistas, hallazgos e inicios. Desde el primer momento en que llegamos a este mundo nos estamos despidiendo. Del maestro del parvulario, de los juguetes que se rompen, de la mejor amiga, del primer novio, de la casa de los padres, de nuestros hijos, de aquel ser querido que se murió, del barrio, país que dejamos atrás, etc. El humano tiene la capacidad de realizar estos procesos de duelo, se repone de estas pérdidas. Pasado el tiempo, tiene otros amigos, novios, casa, etc.

Se produce una sustitución que no se da de un día para el otro, sino que es posible gracias a lo que llamamos proceso de duelo. El tiempo del proceso es variable y distinto para cada sujeto. Algo que hasta entonces formaba parte de nuestros vínculos, de nuestra vida deja de existir. Lo curioso es que algunas personas se observan que el duelo no se resuelve y cae en la melancolía (depresión)

Veremos que el duelo es un término polisémico. Designa tanto un estado psíquico ante una pérdida, como también un tipo de trabajo psíquico que debemos realizar para elaborar aquello que hemos perdido.

Proceso de duelo 
Decimos que una persona está atravesando un proceso de duelo cuando presenta:
  • Una desazón profundamente dolida, un estado afectivo triste.
  • Hay una pérdida del interés por el mundo que lo rodea: no le interesa ir a trabajar, salir con amigos, estudiar, sólo le interesa aquello que recuerde a lo que ha perdido.
  • Tiene afectada la capacidad de amar, y está
  • Inhibida (bloqueada) para desarrollar cualquier otra actividad que no tenga relación con la memoria del muerto.


Estos cuatro puntos cruciales muestran la entrega del sujeto al proceso de duelo, que no deja lugar a otros propósitos u otros intereses.

¿Qué hace la persona durante este proceso? ¿Por qué en un primer momento siente tanto dolor y más adelante ya no? Popularmente se dice: uno se acostumbra, pero ¿cómo uno se acostumbra a la pérdida de un ser querido? Bueno, uno para amar a una persona la tiene que cargar libidinalmente, ¿qué quiere decir esto? Todo ser humano carga ciertos objetos de la realidad (entendamos objetos como todo aquello con lo que una persona se puede relacionar: vínculos afectivos, lugares, etc.) Es como si tuviera una barita con la que va tocando todo aquello que forma parte de su vida, carga a sus seres queridos, a los lugares donde vive, su escuela, su trabajo, tiene cierta cantidad de su energía invistiendo todos esos objetos que conforman su mundo, su vida.

Retomando la pregunta ¿qué hace el sujeto durante este proceso? ¿En qué consiste el trabajo del duelo? Por un lado, la realidad nos señala que el objeto amado no existe más. Mi padre se murió, mi novio me dejó. Entonces, el trabajo consiste en ir quitando toda esa energía que estaba enlazada al objeto para dejarlo morir, podríamos decir. Sin embargo, el sujeto no está dispuesto a ello. En general, nadie abandona de buena gana aquello que alguna vez lo hizo feliz, tiene más razones para sostenerlo que para abandonarlo. Tras una pérdida o decepción (ante otro, un logro, una posición subjetiva), el sujeto conserva la ilusión de que lo perdido permanece. Continúa viviendo como si nada hubiera cambiado.

El trabajo del duelo sólo se realizará progresivamente, hasta esa creencia ceda lugar a la vivencia de la pérdida. La persona, el sujeto, se encontrará entonces disponible para otras tareas, otros vínculos, otros deseos.

Lo doloroso del duelo es ocasionado, por un lado, por abandonar al objeto perdido, y por otro, porque para abandonarlo es necesario ir desligando la energía psíquica (la libido) que lo conectaba con lo que perdió. Se tiene que ir despidiendo de los lugares, los recuerdos, las palabras que lo unían con la persona querida; es un trabajo de desligazón que se va haciendo pieza por pieza, recuerdo por recuerdo, en cada detalle, en cada circunstancia, en cada elemento de lo compartido con el objeto perdido; por lo tanto, no es de un día para otro, se necesita un tiempo y éste no es sin dolor. El proceso de duelo culmina en la sustitución. La sustitución no tiene que ser necesariamente por algo del mismo orden, sino que se debe sustituir por algo, sea lo que sea.


Actitud ante la muerte 
La muerte de un ser querido nos conmociona, nos toca en los más profundo cuando el vínculo que habíamos construido es de cariño y amor. 

A nivel cultural creemos que la muerte es algo natural e inevitable, el desenlace de toda vida. Sin embargo, nuestra actitud ante la muerte es extraña. Por un lado, porque muchos viven creyendo que la muerte no les va a tocar nunca y tratan de eliminarla de la vida. Si intentamos imaginarla siempre estamos como observadores. Nadie cree en su propia muerte, en lo inconciente de cada uno de nosotros estamos convencidos de que somos inmortales. Por otro lado, si es la muerte de otro, también evitamos hablar de esa posibilidad. Sólo los niños la transgreden, en juegos: “te voy a matar” o si se enfadan con la madre le dicen: “ojalá te mueras”.

La actitud tierna de no hablar sobre la muerte no nos hace inmunes a ella. Cuando se muere alguna persona que nos es próxima: sea un padre, un hijo, o un amigo querido, nos conmueve en lo más profundo y frente al muerto mantenemos una admiración desmedida: le disculpamos una serie de cosas que cuando estaba en vida no soportábamos, lo dejamos de criticar y lo honramos casi más que a los vivos.

Es como si con el muerto sepultáramos nuestras esperanzas, nuestros goces, no nos dejamos consolar y negamos su pérdida.
Lo que queremos mostrarles es que el duelo es un proceso inevitable ante una pérdida, necesario para ir elaborándola, no nos lo podemos saltar ni esconder, y si intentamos aplazarlos, quizás caigamos en un cuadro depresivo. [Hoy los velorios son cada vez más cortos, privados y rápidos. Es por eso que se han hecho cada vez más necesarios en las llamadas sociedades desarrolladas los acompañantes del duelo. Son grupos o personas que nos ayudan a afrontar la muerte, ya sea la nuestra o la de un ser querido.

¿Qué desencadena una depresión?
Hay diferentes caminos: uno puede ser, que el duelo se extienda en el tiempo. Otro camino puede estar ocasionado por una pérdida simbólica. El objeto tal vez no está realmente muerto físicamente, sino que se perdió como objeto de amor.

Situaciones como la perdida del trabajo, el divorcio, el matrimonio de los hijos, la falla o desaparición de un ideal colectivo, migraciones son frecuentes encontrarlas como desencadenantes de los procesos depresivos.
Cuando una persona está sumida en el proceso de duelo el mundo se torna pobre y vacío porque sólo le interesa el objeto perdido; en cambio, en la depresión, el yo del sujeto queda pobre y vacío. Se siente una persona indigna, inservible y despreciable; compadece a su familia y a sus amigos por estar con una persona tan despreciable, se hace reproches, se denigra.

Este punto es interesante porque casi siempre los argumentos que utiliza para reprocharse a sí mismo, son verdaderos, pero sólo parcialmente, porque muestran sólo una parte de él, pero en análisis podemos detectar que no se corresponden del todo con su persona, sino que son rasgos que se ajustan más con la persona que se ha perdido.

Actualmente llevo a una persona que está en análisis desde hace un tiempo, acude porque se siente deprimida. Dice que no sirve para nada, que cuando tiene que hacer las cosas de la casa, se le viene encima todo y que no puede, que es una inútil. Lo que estamos viendo es que, en verdad, antes de que los hijos se marchen de casa, ella podía hacer estas mismas tareas sin dificultad alguna, y eran los hijos los que no sabían hacer nada de la casa porque ella se lo hacia todo. Ahora que ya no están, se siente deprimida.

Otra diferencia con el duelo es que en la depresión se da un desconocimiento de lo que se ha perdido, si bien el sujeto puede saber a quién perdió, pero no lo que perdió en él.  Es por ello, que podemos decir que en la depresión la pérdida de objeto está sustraída de la conciencia, es inconciente, el sujeto desconoce lo que perdió en él.

Siguiendo con el caso anterior. La mujer comprende racionalmente que los hijos se marcharon de casa para hacer su vida, sin embargo, aconteció algo más. Hasta hace poco ella no sabía que había perdido realmente, ella perdió el estar ocupada con ellos, hacerse cargo de la familia, el verse sola, sin saber que hacer, el darse cuenta que todo su tiempo lo dedicaba a ellos. Y es esto último lo que me resulta más doloroso, no el no poder estar con sus hijos en casa como hasta hace poco.

Algo interesante a destacar es que por el mismo mecanismo psíquico normal como es el proceso de duelo puede llevar a algunos a la salud y a otros a la enfermedad. Es decir, que el por el mismo mecanismo que una persona elabora la muerte de un ser querido y puede realizar el proceso de duelo, a otra la puede llevar a una depresión, es decir que no puede resolver el duelo. Entonces, la manera que encuentra la persona que cae en una depresión por una perdida: para tener al objeto amado siempre presente, y así, anular la pérdida ocurre el proceso de identificación con esa persona que perdió. Identificarse es un proceso inconciente que la persona no se entera que está aconteciendo en él. Pero para simplificarlo, es como si absorbiera a la otra persona y ahora, actúa como si fuera esa otra persona. La persona se identifica con el otro y como por una acción mágica empieza a pensar que tiene las mismas características de este otro perdido.

Planteamos que en parte la melancolía es un duelo no resuelto, un trabajo sin culminar. El depresivo se queda congelado ante la pérdida, entonces la tristeza y la desgana se instalan. Toda la energía queda vinculada al objeto amado impidiéndole desear otra cosa, impidiéndole crear nuevos lazos para seguir caminando (atándolo cada vez a eso que perdió)

La depresión produce una impresión inexplicable como toda afección psíquica. Por un lado, el sujeto deprimido se cree realmente que el mundo es gris, es decir, no harán efecto en él los intentos de sus seres queridos por mostrarle que la realidad puede ser de otro color que no sea el gris, el mundo es gris, era gris y lo seguirá siendo toda su vida. Es como si se hubiera colocado unas gafas desde las que ve todo lo que le sucede teñido del color de la tristeza, el desánimo y lo irremediable. A su vez, al estar enfermo obtiene un beneficio de la realidad: deja de ir a trabajar, está en la casa todo el día. Si está muy grave ni siquiera se levanta de la cama y de a poco toda la familia queda a su servicio: no solo no trabaja, sino que se desentiende de las tareas del hogar, del cuidado de sus hijos o estudios y en muchos casos martirizan a los que lo cuidan. Intentar modificar algo en una situación así en muy complejo, porque curarse implicaría ir a trabajar, hacerse cargo de su vida, etc.

A este beneficio se le llama beneficio secundario de la enfermedad. No estaba desde el principio, pero una vez constituida la enfermedad se agrega y en determinadas situaciones hace de la curación un imposible.

Tramitar un duelo, subjetivar una falta, supone dar algo por perdido, pero, a la vez, pagar con algo por ese proceso. ¿Qué ponemos en la tumba del muerto? Esa flor que uno lleva, esas palabras que se dicen como metáfora de la creación y la producción, de lo que del lado del sujeto es protagonismo en la elaboración del duelo.

Para el psicoanálisis no se trata de que un sujeto pueda vivir sin ningún tipo de pena, de dolor, sino justamente cómo enfrenta ese dolor de la existencia humana de otra manera que con la miseria neurótica. Porque la miseria neurótica ya es una respuesta a lo que hay de doloroso en la existencia humana.

Los rostros de la angustia: Ansiedad y fobias


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A veces es una experiencia casi cotidiana: sentimos angustia al despertar, al comienzo de un nuevo día que tenemos que afrontar asumiendo responsabilidades, tomando decisiones, realizando nuestro trabajo cotidiano, pero también podemos experimentar angustia frente a un día libre de obligaciones y responsabilidades como puede ser un fin de semana. Otras veces, paradójicamente, nos invade la angustia en un momento inesperado, en un momento en que estamos tranquilos, disfrutando de nuestras cosas e inexplicablemente comienza el malestar: sensaciones corporales – opresión en el pecho, malestar en la boca del estómago – y cambios en el estado anímico – tristeza, desgana, falta de interés...

La angustia puede aparecer en infinidad de situaciones: ante un cambio en nuestra vida, cuando damos un paso hacia delante o hacia atrás, cuando emprendemos un proyecto nuevo o cuando nos cuestionamos nuestra relación con nuestros padres o con la pareja, con los compañeros de trabajo o con los amigos. Dependiendo de cada uno en particular, de las cuestiones que nos toquen la angustia aparecerá en un grado mayor o menor.

Enumeramos diferentes situaciones para remarcar que no estamos exentos de padecer angustia. Tampoco la podemos eliminar del funcionamiento psíquico, pero lo que sí podemos preguntarnos que nos está pasando. La angustia es estado afectivo que tiene un carácter displacentero evidente; es un afecto inconsciente, que puede irrumpir en la conciencia y provocar una crisis. La angustia se expresa con diferentes rostros.

Todos conocemos a algún amigo o familiar especialmente pesimista: la típica persona que ante varias opciones siempre piensa que ocurrirá el peor de los desenlaces, cualquier cosa que otra persona describiría como accidental, él lo interpretará como indicio de una desgracia… Este sería un tipo de manifestación de angustia que prácticamente se convierte en rasgo de carácter.

Las fobias son otra manifestación de la angustia. En su variedad de presentaciones: fobia a la oscuridad, al aire libre, a los lugares abiertos, a los gatos, a las arañas, a las orugas, a las ratas, a las tormentas, a la sangre, a la soledad, a pasar por un puente, a los viajes en avión, en tren, al agua, a la luz...) Las fobias una construcción psíquica de la propia angustia -para que no se la reconozca-.

La ansiedad es uno de los principales motivos de consulta en nuestra consulta de psicoanálisis Cerdanyola, muchas personas que vienen a terapia porque han sufrido algún ataque de ansiedad. Suelen relacionarlo con el estrés, con la presión sea familiar o laboral. La ansiedad se manifiesta a través de palpitaciones, sudoración fría, temblores, respiración dificultosa y lo que es más importante, la persona que lo sufre cree que está a punto de morir o que se va a volver loca. Es una situación muy angustiante, que el paciente no sabe exactamente por qué le sucede.

Dado que el proceso afectivo cursa de forma inconciente, y es en el cuerpo donde pueden recaer aquellas ‘señales’ de la angustia de que algo no funciona. La terapia psicoanalítica puede favorecer a poner palabras al malestar, a abrir alguna cuestión sobre lo que está pasando

¿Cuándo comenzar una psicoterapia?

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No importa lo que la historia ha hecho con el hombre, sino lo que el hombre hace con lo que la historia ha hecho de él”. 
Jean-Paul Sartre


Detrás de toda consulta existe un malestar frente al más de lo mismo. Una psicoterapia es una puerta abierta a un posible cambio vital, es emprender un camino hacia el saber sobre aquello que aqueja, molesta, angustia o paraliza. 

En muchas ocasiones, la posibilidad de cambio nos atemoriza, nos hace retroceder y preferimos quedarnos tal cual, con la esperanza de que el tiempo acomode el curso de nuestra vida, eludiendo la responsabilidad por nuestro malestar.

Mudarse a otra ciudad, comenzar una carrera, dedicarse a lo que a uno le gusta, abandonar una pareja, formar una familia son algunas situaciones críticas en donde el sujeto decide avanzar o no transformar nada de su vida ante la inminencia de los cambios vitales.

El decidir por un cambio implica avanzar, a pesar de los temores, las incertidumbres e incluso el dolor que puede traer aparejado esa transformación en la vida de un sujeto. Si decide seguir tal cual como si nada pasara, el sujeto se aferra a lo viejo conocido. La forma de relacionarnos con los cambios, en general, depende de nuestra capacidad para elaborar las pérdidas que los preceden.

En algunos sujetos los cambios son situaciones que representan auténticas catástrofes que prefieren evitar a cualquier precio. Suelen decir: “Aquí no ha pasado nada”, “es el destino”, “no quiero pensar en ello”, “es imposible que cambie”. La negación, la pasividad, la huida y la distorsión de la realidad son algunos de los mecanismos psíquicos que se ponen en juego ante un cambio.

Un cambio implica jugársela, apostar por su propio deseo. Pero para ello es necesario un cambio en la posición como sujeto: pasar de ser pasajero a capitán, dejar de contemplar cómo opera el destino sobre cada uno y convertirse en creador del mismo. Sin embargo, ante el interés por cambiar aparece el disfraz de la impotencia: “no tengo agallas” o “no podré hacerlo”. Este disfraz permite conservar la comodidad de permanecer en el mismo lugar de siempre y no asumir la ruptura de la ilusión de que tenemos una vida “ya hecha”. No podemos dejar de lado una cuestión fundamental para el ser humano: la vida está compuesta por una sucesión de cambios de distinto tenor y la paradoja de la existencia está en “saber perder” para ganar.


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